A pesar de que los seres humanos relacionan la palabra “amor” con el corazón, realmente todo va un poco más allá. Paradójicamente, el amor no tiene que ver con la forma de corazón que se repite a menudo, y se regala el 14 de febrero por el Día de San Valentín, ni con el gesto de llevar las manos hacia el lado izquierdo del pecho donde se sabe que se encuentra este órgano. Los verdaderos protagonistas del amor son netamente procesos químicos en el cerebro.
En los procesos químicos ocurren descargas de algunas sustancias neurotransmisoras como la norepinefrina, la dopamina y la feniletilamina. Cuando se disparan tales descargas se da el proceso conocido como enamoramiento.
Principalmente interviene la feniletilamina, la cual colma al cerebro, se estimula la secreción de dopamina, y también la de norepirefrina; es allí cuando comienzan las sensaciones de afecto hacia alguien a quien se idealiza y, de inmediato, empiezan a notarse en éste actitudes y virtudes que generan la atracción inicial. Posteriormente, intervienen las endorfinas, hormonas que actúan también como neurotransmisores, y producen placer y bienestar absoluto con respecto al individuo con quien se haya producido la atracción. Luego se van profundizando en el cerebro las cualidades que se atribuyen a ese alguien sin conocer si realmente existen; esto genera un mayor apego, y mientras se avanza en el proceso de mayor conocimiento del uno con el otro, y se comparten más experiencias, se va creando el vínculo emocional y sexual entre ambos individuos.
El amor en tres secciones: lujuria, atracción y unión.
Según la antropóloga y profesora de la Rutgers University de New Jersey, Helen Fisher, el amor se clasifica en tres aspectos:
La lujuria: es producto de la testosterona y es la causante del impulso inicial que nos hace buscar pareja.
La atracción: en la que influyen los sentidos, especialmente la vista, la audición y el olfato; es una energía espontanea que se produce en los seres humanos. La atracción genera bienestar, seguridad y comodidad. En esta intervienen las endorfinas, pero esta actividad bioquímica en la que participan sólo dura de tres a cuatro años, luego decae. “El momento en que una pareja tiene mayores probabilidades de divorciarse se ubica en el cuarto año de relación, que es el plazo más habitual del divorcio, tras el matrimonio.”, según Fisher.
La unión: luego de decaer el proceso químico que determina la atracción, existen factores que si permanecen es posible consolidar la verdadera unión. Entre estos factores están la convivencia, los intereses en común, y la costumbre. Cuando tales factores logran sustituir el proceso químico, la unión se consolida como el sentimiento más duradero.
El amor no es más que la afinidad entre individuos que se manifiesta a través de actitudes positivas, esto derivado de procesos químicos; sin embargo no es secreto para nadie que este sentimiento es lo que hace sentir vivo a cualquier ser humano, es el motivo e incentivo de todo ser viviente y pensante en su día a día, es simplemente la mayor y mejor energía que mueve al mundo a pesar de no ser algo que nazca desde ese lado izquierdo del pecho sino desde el importante órgano del sistema nervioso: el cerebro. es producir todas esas sustancias que generan bienestar; ¡mantenerse bien es enamorarse!

















